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Cultura, Periodismo y Democracia

 
 

BLOG

Lecturas de verano

Letras
2010-08-18 18:07:00

Lecturas de verano

Sin margen para meditar me vi haciendo las maletas con rumbo al tiempo libre. Junto a la ropa, un memoria diminuta repleta de canciones (en el coche mejor no meter discos originales) y una colección de libros de bolsillo. Una Barcelona que no viví, un París que me espera siempre, un capitalismo que por suerte se hunde (¿para cuándo la revolución horizontal?), una vida con fundamento, una historia de periodistas (con errores incluidos), las lecciones aún vigentes (y necesarias) del pueblo apache y las líneas perdidas de Carlos Ann (nos podrán robar el trabajo, el dinero o el amor, sí, pero jamás la poesía.) A toro pasado me pregunto quién escoge los libros que leo al borde del mar, porque ignoro la razón pero son los que acabo recordando con más viveza. Todos los años me pasa.

Poesía gratis

Letras
2009-10-27 15:00:33

Portada de "De puño y letra", de Antonio Pérez Morte

Haciendo clic sobre la fotografía se obtiene de forma gratuita la excelente poesía de mi (nuestro) querido amigo Antonio Pérez Morte.

Traiciones librescas

Letras
2009-10-19 23:18:08

Hace tiempo que, leyendo El País, no me emociono si no es con Enric González o Javier Cercas, dos supervivientes de las últimas cribas.  

 

  

Una nueva vida

 EPS / JAVIER CERCAS 18/10/2009

Siempre había oído decir que una separación es una experiencia desgarradora; ahora sé que es verdad: la mía lo ha sido.

Todo empezó cuando hace unos meses un estudiante me preguntó durante una charla con qué diccionario trabajaba. La pregunta me sorprendió, pero enseguida comprendí que es la pregunta más seria que se le puede hacer a un escritor. “Todo está predicho en el diccionario”, dice Valéry, y así es: un diccionario es un mapa del universo; también es un libro mágico: contiene todos los libros que se han escrito y casi todos los libros que se escribirán. Como cualquier escritor, yo convivo con un harén de diccionarios, pero uno de ellos me ha robado el corazón: es el que tengo siempre a mano, el primero que consulto, el único con el que mantengo una relación íntima; no es un diccionario, sino mi diccionario, el libro que más he leído en mi vida y que me define. La decimonovena edición del diccionario de la Real Academia, le respondí al estudiante. Me emocioné: llevaba más de treinta años conviviendo con ella, desde que mi padre me la compró a mediados de los setenta, habíamos viajado juntos por dos continentes, por varias ciudades, por decenas de casas, y sin embargo era la primera vez que la mencionaba en público. No recuerdo de qué se habló durante el resto de la charla, pero sí que, al terminar, mi amiga la lingüista Avellina Suñer me dijo: Con que la decimonovena, ¿eh? Sí, contesté, exultante. Pues mira la definición que da de la palabra “mahometano”, me retó. Y luego mira la que da de la palabra “cristiano”. Y mira la definición que da de “marxismo”. Y luego, la que da de “dólar”. No me gustó el tonillo entre acusatorio y confidencial con que dijo todo esto, pero lo primero que hice al llegar a casa fue buscar la decimonovena. Allí estaba, en un lugar de honor, con sus hermosas tapas marrones y sus ribetes dorados, tan radiante como en los últimos treinta años. Con alguna aprensión la abrí, busqué la palabra “mahometano”, leí: “”Que profesa la secta de Mahoma”. Orgulloso, pensé que era una definición exactísima; no obstante, para acabar de cerciorarme de que la insinuación de mi amiga era pura maledicencia busqué la palabra cristiano, leí: “Que profesa la fe de Cristo”. Tuve la impresión de que el suelo se abría bajo mis pies. Si lo de los musulmanes es una secta, razoné, perplejo, ¿por qué no lo es lo de los cristianos? Precipitadamente busqué la palabra “marxismo”, leí: “Doctrina de Carlos Marx y sus secuaces”. Dios santo, pensé. No es que Marx acertara en todas sus predicciones, pero cualquiera diría que se trata del mismísimo Charles Manson. Después recapacité, me dije que al fin y al cabo “secuaz” sólo significa “seguidor”, como quien se agarra a un clavo ardiendo busqué la palabra “dólar”, leí: “Moneda de plata de los Estados Unidos, Canadá y Liberia, que vale a la par 5 pesetas y 42 céntimos”. Fue entonces cuando me derrumbé; me sentí traicionado: era como si acabara de descubrir que mi mapa del universo no respondía a la realidad del universo; me sentí perdido: comprendí que, a menos que quisiera arruinar mi vida, debía abandonar para siempre la decimonovena.

Como soy un cobarde, pospuse el trance cuanto pude, pero un día me armé de valor y se lo dije. No hablas en serio, ¿verdad?, preguntó. Hablo en serio, contesté. No puedes hablar en serio, insistió. ¿Qué vas a hacer sin mí? ¿Has dejado de amarme? No es eso, contesté. ¿Entonces qué es?, dijo. ¿Has conocido a otra? Señaló mi harén de diccionarios y dijo: Ya sabes que no me importa que de vez en cuando tengas una aventura, pero… No he conocido a otra, dije. Es María Moliner, ¿verdad?, dijo, furiosa. Esa maldita zorra. ¿Cómo has podido hacerlo? ¿Es que acaso no sabes que es un caos? ¿Es que no has visto cómo define la palabra biquini? Triunfalmente citó: “Traje de baño femenino reducido a dos pequeñas piezas que cubren los senos y la unión de las piernas con el cuerpo”. No es María, me defendí. No es nadie. Entonces, ¿qué es? Nada, balbuceé. Es sólo que… A punto estuve de decirle la verdad –que pronto cumpliría 40 años, que se había hecho vieja, que ya no era el mapa del universo ni era mágica–, pero no se lo dije, porque supe que le partiría el corazón. Dije: Es sólo que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Se echó a llorar; mientras trataba de consolarla le pedí que lo entendiera, que entendiera que yo no podía seguir escribiendo tonterías, le hablé de Mahoma y de Liberia y de los secuaces de Carlos Marx, le dije que en el fondo la culpa no era suya, que la vida es así, que no la he inventado yo, le dije que seguiría queriéndola siempre. Ella pareció resignarse, asintió, señalando mi harén de diccionarios me preguntó si al menos podría quedarse con ellos. No puede ser, le dije. ¿No lo entiendes? Lo nuestro es todo o nada. Volvió a asentir mientras se secaba las lágrimas; luego, mirándome a los ojos, dijo: ¿Puedo pedirte un favor? Claro, dije. Hagámoslo por última vez, Chichi.  

Aquella misma tarde la metí en una bolsa y, haciendo oídos sordos a sus sollozos, la abandoné en una librería de viejo. Luego salí a la calle, encendí un cigarrillo y eché a andar en el crepúsculo, roto por dentro, dispuesto a iniciar una nueva vida.

Días de silencio, de Katho Gómez

Letras
2009-04-22 10:43:37

Mi amiga Katho Gómez, de Barranquilla (Colombia), acaba de publicar Días de silencio, su primer libro. Por eso, quiero compartir con ustedes un reportaje que le han hecho en un canal universitario. En él podréis conocerla y escuchar algunos de sus espléndidos versos. 

Los interesados pueden seguir leyéndola en su blog: http://kathogomez.blogspot.com/

 

Paco Ibáñez y los escritores inconexos

Letras
2009-03-23 11:00:10

Con Paco Ibáñez

Reconozco que es una pasada (admítanme por favor el coloquialismo) que Paco Ibáñez te sugiera: ¿Y por qué no aprendes a tocar la guitarra? No hombre, yo tengo un oído aquí y otro en Segovia, le contesté. A lo que remató: ¿Cómo va a ser así con esa música que te gusta?

Durante un buen rato, es verdad, estuvimos conversando sobre nuestros gustos comunes: Brel, Montand, Brassens, Chocolate, Cabrero... y él me cantaba cada dos por tres: Ne me quitte pas, Bella Ciao, Le bon Dieu... Qué gustazo escucharlas en su voz y guitarra, precisamente ésas que son de mis canciones favoritas de cuantas he conocido en mi vida. De verdad.

Lo veía emocionado, como un zagal, por lo que imagino que ese puñado de canciones es al que recurre en las tardes en las que los sentimientos aprietan. Y entre ese repertorio de primeros auxilios, también textos en castellano, por supuesto, y nos detuvimos en mi paisano Góngora, a quien ambos profesamos admiración.

¿No les parece un poema infinito? Es sencillamente inmortal. Está tan vivo como hace cuatro siglos, cuando fue compuesto. Lo que ocurre con Góngora es curioso ¿verdad? Hay quien lo detesta –y mucho-, por su difícil, a veces, compresión, pero a la vez hay lectores, de identidad radicalmente opuesta, que lo adoran hasta el agotamiento. Lo ama Paco Ibáñez, pero también lo ama Jorge Luis Borges, que poco quería saber de la literatura española. De hecho, la detestaba. Salvaba de la quema al susodicho y a Séneca, otro cordobés. De los demás solía hablar incluso despectivamente. De Lorca, por ejemplo, dijo una vez: “Nunca me interesó, ni él ni su poesía. Me pareció un poeta menor. Bueno, un poeta pintoresco, una especie de andaluz profesional (¿?). Supongo que en España lo han olvidado. Las condiciones en que murió fueron favorables para él. A un poeta le conviene morir así. Ojalá yo muriera ejecutado [...] Supongo que tuvo la buena suerte de ser ejecutado. Yo charlé una hora con él en Buenos Aires y me pareció un hombre que actuaba”. Y lo que llega a ser peor, se marchó de una representación de Yerma porque le parecía tonta.

Me quedé abrumado cuando lo leí, aunque ya conocía algunas de sus felonías. A lo largo de su vida había estrechado la mano de Pinochet, apoyado al Teniente General Videla y descreído de la democracia, ese “curioso abuso de la estadística”. Fue un hombre que despreció la realidad en la misma medida que la realidad lo despreciaba a él. Pero sólo gracias a eso, a vivir al margen del mundo, recluido en su jardín y en su biblioteca, desarrolló una Literatura por encima de la vida, llevando al límite aquella frase de Mallarmé: “El mundo existe para llegar a un libro”. Y se convirtió, al fin, en lo que deseaba, en un HombreLibro.

Llegábamos hasta aquí por culpa de Góngora, que igual seduce a un anglófilo de derechas que a un anglófobo de izquierdas, algo que le ocurre también al mismo Paco Ibáñez. Gusta de igual forma a los que detestan la poesía como a quienes no soportan la música. Un gran mérito teniendo en cuenta que para unos será la puerta de acceso a Machado, Lorca, Miguel Hernández, Bécquer; y para otros, la única vía para llegar a Brassens o a Roberto Murolo, mi último descubrimiento, por recomendación precisamente suya. Te agradezco la sugerencia, señor Ibáñez, aunque por amor a mis queridos amigos, lo de aprender a tocar la guitarra lo dejaré para otro con mejor oído. Yo me quedo con esto de ser un escuchante obsesivo.

A la orilla del pasado

Letras
2008-12-10 10:45:35

El río trae hasta mis pies aquel recuerdo,
entre hojas secas y gusanos muertos.
Nosotros lo cruzábamos desnudos,
sin esfuerzo,
con canciones viejas,
para robar cerezas, ciruelas,
higos frescos.
Aquella fruta era la aventura,
el auténtico motivo del encuentro
que nos hizo libres en la infancia,
huyendo para siempre de este tedio,
que ahora recupero amargamente,
a la orilla del pasado y del invierno.

Antonio Pérez Morte
(Diciembre de 2001, Egido Editorial)

La medida de mi madre

Letras
2008-09-23 19:01:09

El otro día, en el blog de mi querido amigo Antonio Pérez Morte -visítenlo de vez en cuando, ¡es maravilloso!-, descubrí unos tiernísimos versos de la poeta Begoña Abad que quiero compartir con ustedes.

 

La medida de mi madre
No sé si lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde podemos querernos.

Begoña Abad (La medida de mi madre, Olifante, Zaragoza 2008)

Entrevista a Luis Alberto de Cuenca

Letras
2008-06-11 02:08:40

Ópera prima de José Domingo Mora

Letras
2008-05-06 16:18:09

Portada de "Con la palabra en un puño" de José D. Mora

El pasado miércoles hablaba aquí de lo recomendable que sería visitar Córdoba en mayo. Entre otras cosas, decía, porque es el mes de las flores y las flores suscitan en el ser humano un estado especial de hipersensibilidad. Tienen una magia aún impenetrable que nos acaricia el alma como lo hace el sol, la buena música o el amor. Nadie lo sabe explicar científicamente pero somos muchos los que la sentimos.

Lo intentamos, todo hay que decirlo. Y a veces concienzudamente. Por eso existe la poesía. Como la que acaba de publicar mi buen amigo José Domingo Mora, en Con la palabra en un puño (El taller del poeta, 2007):


Todo habita en la palabra,
el acto y los actores,
el miedo y la mañana.
Cuando el viento gira
sopla la palabra.
Cuando el mar suspira
arde la palabra.
El árbol que palpita,
la tierra que adolece,
el canto que subyuga,
la estirpe enamorada…
no respiran sin palabra.

Es el niño que despierta,
nace en un venero
de vocablos altos
y no logra terminar
el cielo de pasiones
que suspende.

Todo cuanto existe
está sujeto a la palabra,
y sin ella reina la penumbra.
Amar no es más que un juego
de palabras.

Es un poemario que homenajea a la propia palabra, esa que le salva de los difíciles avatares a los que, a veces, le somete la vida. Esa que también le une rígidamente a sus amigos, a la sierra de Huelva, a su novia y a Dios, con quien mantiene una tormentosa relación de amor. Y le ocurre, opino, porque cree fundamentalmente en los conceptos y principios vitales. El caso es que todo lo que escribe desprende una luz original, la misma que desprenden, inexplicablemente, las flores de mayo.

Poema desde el infierno

Letras
2008-01-27 22:50:16

Gruta de las Maravillas (Aracena)

Me gusta llevarte al subsuelo,
lejos de los ángeles de algodón.
A beber champán y reírnos del murmullo,
los mediocres y las facturas sin pagar.

Esa joven punk...

Letras
2008-01-08 01:34:58

Pipi Calzaslargas con Tommy y Anika

Era punk. Sin duda. Años atrás pensaba que era hippy, por el argumento facilón de que vestía ropa colorida, amaba la naturaleza y de vez en cuando parecía estar muy fumada –alguna vez lo estuvo, como se puede comprobar en la fotografía-. Pero ahora creo estar en lo cierto: Pipi era punk, pero punk de las de verdad. Por encima de las apariencias, esta niña pelirroja y multipecosa era anticonvencional. Vivía sola – junto a un monito, un caballo y algunas ratas-, odiaba la escuela –y por tanto, no iba-, no respetaba la autoridad, amaba el medio ambiente y era esencialmente rebelde y feminista. Su padre era un pirata y de su madre sabíamos más bien poco. Se acordaba de ella en muy pocas ocasiones... En el capítulo Pipi y la Navidad le dedicó unas palabras mirando al cielo, pues más que una difunta, decía que era un ángel.

Además Pipi era okupa, personaje redondo para definir una actitud, la contestataria.
 
Estos días se está celebrando en Suecia un ciclo de actividades culturales para recordar la vida y obra de Astrid Lindgren, autora de las historias de Pipi Calzaslargas, ahora que se han cumplido los cien años de su nacimiento. La historia es curiosa. Astrid se crió en un ambiente idílico, entre lagos, bosques y montañas de cuento de hadas. Más tarde emigró a Estocolmo, donde con dieciocho años fue madre soltera y trabajó en diarios locales, escribiendo textos navideños y otras historias cortas. Ya casada tuvo a Karin, una niña que con siete años cayó enferma de neumonía y que le pedía historias para matar los días. Fue entonces cuando Astrid decidió escribir las historias de Pipi Calzaslargas. Bendita enfermedad de Karin.
 
Desde el principio el libro suscitó serias controversias. Pedagogos, abogados y psicólogos no se ponían de acuerdo acerca de la conveniencia y los efectos de la historia sobre los más pequeños, que eran quienes principalmente disfrutaban con ella. Aunque creo yo que el peligro no recaía sobre las almas inocentes de los infantes sino sobre las mentes cuadriculadas de los adultos, con poca educación sobre el extraordinario mundo de la fantasía.
 
Pipi era –mejor dicho: es- gamberra y transgresora, tanto que marcó un antes y un después en la literatura infantil. Era una historia divertida que quedaba muy por encima del carácter moralista de la gran mayoría de historias escritas para niños. Aunque hoy vengo a decir, precisamente, que las aventuras de Pipi están cargadas de grandes dosis de ética y estética punk. Ella se lo hacía todo solita y sabía decir no a la policía, a la mujer que pretendía ser su institutriz y a todo aquel que se cruzara en el recorrido de sus deseos y en el de sus amigos.
 
La fascinación por Pipi continúa viva sesenta y dos años después de su publicación. En parte porque se trasladó a la televisión y fue vista por millones de niños de distintas generaciones pero también porque es una historia que recoge las inquietudes de todo aquel inconforme con el mundo que ve y vive, que es algo que nos pasa a la gran mayoría de todos nosotros, aunque algunos vayan renunciando a la par que van apagando velas.

Pipi sigue siendo un personaje moderno. El libro y la serie de televisión continúan reeditándose y gozando del gusto de los nuevos niños, cuestión que me alegra porque la independencia de esta niña va en contra de la educación dirigista tradicional y rompe con los tópicos que siempre han acechado al género femenino. Era actual en 1945 y sigue siendo actual -para bien o para mal- en 2008. Igual es porque su peinado es llamativo y rompedor. O quizá sea porque la buena gente siempre cae bien, independientemente de las circunstancias. El caso es que yo aún creo en las revoluciones.

El testimonio de Marcos Ana

Letras
2007-11-19 17:46:08

Cartel sobre la Guerra Civil Española, con motivo de Robert Capa

Sobre la maldita Guerra Civil Española todo el mundo hace malditos comentarios, atendiendo, casi siempre, a malditos intereses.  Es un tema que me satura, entre otras porque empecé demasiado pronto. Uno de los primeros libros que leí en mi vida fue precisamente sobre nuestra última guerra (sin haber pasado previamente por cuentos y tebeos, como hacen todos los niños del mundo). Ahora, para hacer un guión de televisión me he leído las memorias del poeta Marcos Ana, la persona que más tiempo seguido estuvo en cárceles franquistas. Cada una de sus cuatrocientas páginas conmueve. Parece mentira que en este país, hace tan poco tiempo, ocurriera lo que él cuenta. He tardado dos días en leerlo y menos mal que ya lo he acabado porque desde que empecé hasta ahora he estado totalmente petrificado.

Aunque ocurrieron cosas mucho peores, quiero compartir precisamente este fragmento del libro. Espero no revolver el estómago a nadie. Si es así, pido disculpas.

Las historias que escribía el hambre en aquella época eran increíbles e insólitas. Un grupo de presos comunes, procedente de Jaén, recibía con alguna regularidad paquetes de aceitunas, que probablemente sus familias recogían en los olivares. Por las mañanas, al abrir las cancelas, bajábamos apresuradamente al patio para llegar a tiempo al llamado “mercadillo de los andaluces”. Éste consistía en vender, o cambiar por prendas u otras cosas, montoncitos de los huesos de las aceitunas que previamente se habían comido. Sabido es que los huesos de aceituna se asimilan y los machacábamos para digerirlos mejor o nos los tragábamos directamente con la mayor fruición.

Otro caso extremo que conocí y que demuestra a qué estado de degradación irracional puede conducir el hambre, fue en la galería provisional en la que había, sobre todo, presos comunes, y algunos políticos aislados o pasando una especie de cuarentena. Un muchacho, al que llamaban “el Rumiante”, después de comer se metía en el servicio y a escondidas forzaba el vómito para volver a comerse su ración de rancho. Tenía así la falsa sensación de que comía dos o tres veces.

Marcos Ana. Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida.

En Cataluña huele muy mal

Letras
2007-09-28 04:18:08

La poeta y novelista uruguaya, Cristina Peri Rossi, a quien tuve la suerte de entrevistar hace unos años para televisión, ha perdido su trabajo en Radio Catalunya sencillamente por expresarse en castellano. Sus palabras en prensa me recuerdan hoy a la mujer que aún guardo en mi memoria: dulce, serena, amable y muy lúcida.

Cristina Peri Rossi. Foto: Santi Cogolludo

Persecución lingüística

Cristina Peri Rossi

Hace dos años Gaspar Hernández, periodista inteligente y culto, inauguró un programa en Catalunya Radio, Una nit a la Terra (Una noche en la Tierra), que se emitía de 1.00 a 3.00 de la madrugada. Cada noche, había una tertulia sobre asuntos intimistas o sociales en la que participaban dos invitados: editores, escritores, filósofos o poetas. Era un espacio ameno, de buen nivel y aceptación, con diferentes puntos de vista.

Gaspar me invitó desde el primer momento y yo acepté muy complacida, como tertuliana fija, una vez por semana. Todos hablaban en catalán, salvo yo, que lo hacía en castellano; nunca fue obstáculo para que nos comprendiéramos y parecía un modelo ideal de convivencia lingüística, sin rigideces, sin exclusiones.
 
Entiendo, leo y traduzco del catalán desde hace muchos años, pero me expreso mejor en castellano (me ocurre igual con el francés o el italiano) y vivo en una nación que tiene la suerte de ser bilingüe. Así lo es en la calle, en el metro y en la comunidad vecinal. Al inaugurar el segundo año del programa, Gaspar me felicitó, consideraba que mis intervenciones eran muy importantes para el éxito de audiencia. Y así seguimos un año más. He compartido tertulia con Luis Racionero, Mercedes Abad y Sebastiá Almazora. Este año, en septiembre, empezaba el tercer año, y Gaspar contaba conmigo. Pero sorpresivamente, coincidiendo con el cambio de hora y de nombre del programa, CCRTV (Corporación Catalana de Radio y Televisión) decidió prescindir de mi participación, dado que yo hablo castellano.
 
Me consta que Gaspar Hernández luchó contra ese despido, haciendo valer motivos de calidad profesional. No lo consiguió. Se esgrimió como causa la Carta de Principios ratificada el 17 de julio de este año, fruto del acuerdo político entre el tripartito y Ciu, que recomienda la prioridad de invitados que hablen en catalán. El programa cumplía el requisito, dado que sólo yo hablaba en castellano, pero una exigencia oral exigía que se hablara sólo en catalán.
 
Habría que recordar que un reglamento no puede ir contra la ley y que, por el momento, y espero que también en el futuro, Cataluña es y será una nación bilingüe, por lo cual no se puede perseguir o expulsar a nadie de su rabajo por motivos lingüísticos. La libertad de expresión es un derecho constitucional que atañe a todos los ciudadanos y no se refire exclusivamente al pensamiento, sino a las lenguas en que se emite. Una tontería es una tontería, da lo mismo en la lengua que se diga, y una frase de Shakespeare suele ser una genialidad, en inglés, francés, castellano, catalán o checo. ¿Nos hemos olvidado de una verdad tan elemental o los intereses políticos prescinden del humanismo?
 
Creo haber sufrido un claro caso de persecución lingüística, como otras veces he sufrido persecución política, bajo la dictadura uruguaya o franquista. Los fascismos tienen algo en común: siempre son excluyentes. Excluyen por motivos ideológicos, de raza, de sexo... o de lengua. Y es paradójico que me ocurra a mí, Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en 1992 por el libro que se titula precisamente Babel bárbara y donde se exalta la diversidad de lenguas, la Babel mítica. ¿Paradójico o síntoma de los tiempos que corren? Quizá no sea casual. Quien defiende Babel es discriminada. Es posible que quieres perpetraron esta exclusión ni siquiera sepan que soy Premio Ciudad de Barcelona o que luché clandestinamente contra el franquismo y a favor del catalán desde Agermanament hace muchos años. Los censores no suelen leer y tienen pésima memoria. EL MUNDO. 27/09/07

Conversaciones con Pessoa

Letras
2007-09-26 00:21:40

Conversando con Fernando Pessoa. Foto: Sara

Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve,
no ver cuando se piensa.

Alberto Caeiro

L.M.P.

Letras
2007-09-09 22:46:44

Sigo con Pessoa y retomo a Pavese mientras veo a un Leopoldo que conocí en canción y que, bebiendo Coca-Cola, sorprende a Bunbury y a Carlos Ann tanto como a mí.

Leopoldo María Panero

"La religión es el opio del pueblo, eso decía Marx... Frase que como se ve no es tan ofensiva para la religión.
La religión es el espíritu de una situación sin espíritu...
El corazón de un mundo sin corazón... La religión es el opio del pueblo"
Leopoldo María Panero

Los (buenos) escritores nunca mueren

Letras
2007-08-28 23:05:30

Me hubiera encantado leer la columna de hoy de Umbral: con la coincidencia histórica de su propio fallecimiento y el de un joven futbolista sevillano. Posiblemente apenas hubiera destacado nada de sus méritos literarios, ni hubiera reunido sus premios -que no le faltaron- y ni siquiera hubiera recurrido -creo- a sus pequeños ídolos de infancia, que no fueron pocos. Hubiera escogido, probablemente, el efecto heroico que ha recaído sobre un joven de veintidós años que se marcha del fútbol -y de todo- dejando atrás a una mujer a punto de dar a luz.

Hoy, por aquí, apenas nadie ha dormido la siesta porque la siesta también estaba pendiente del televisor. Él, quizás, hubiera sido el único en engañarla y no perdonar un hábito tan mediterráneo como el gazpacho. La hubiera escrito después, con la caída de la tarde, cuando todos los que sentimos el periodismo hubiéramos abandonado las oficinas y los bares para, en casa, preguntar a todo el mundo dónde dejamos nuestra bufanda blanca. Porque ese detalle le hubiera interesado. Sin duda.

La última columna de Paco Umbral

La muerte de Umbral supone un vacío entre quienes creemos en la palabra desobediente. Leyéndole aprendí cómo ser un golfo sutil e incluso a creerme un personaje de Valle-Inclán. El Mundo ha perdido hoy a su pluma más brillante, a un señor con valor, elegancia y personalidad, aunque como la de todos los escritores muertos, su voz sigue viva en cualquier biblioteca.

Conocidas son mis trifulcas sobre el fútbol y sus efectos secundarios, pero hoy quiero manifestar mi más profundo pésame al Sevilla F.C. y a los miles de seguidores que han sentido muy cercana la marcha de uno de sus héroes. Creo que morir con 22 años, en un campo de fútbol y sin llegar a ver a su primer hijo es una desgracia que no debería volver a repetirse nunca.

Mientras tanto, para mí no ha sido un día cualquiera: he hecho mi primera conexión en directo para los Informativos Tele 5 y, según los mensajes recibidos en mi móvil, no ha salido del todo mal. Además, han emitido varios reportajes míos. Por fin.

 

Nadie es perfecto

Letras
2007-08-08 10:56:15

De mayor quiero ser joven.
Salir en televisión sin peinar,
pensar que Bush es mi presidente
y tener memoria de pez.

No reconocer a Putin, Moix ni Punset.
Vestir pantalones viejos,
no afeitarme nunca
y a Jesús abrazarlo con locura.

No saber qué es un hiato,
una esdrújula ni dónde está el Nilo.
Confundir a Carlos V con una marca
de caramelos y que nadie se ría de mí.

De mayor quiero ser tonto
y ganar mucho dinero.

Insomnio a las 3.30

Letras
2007-07-10 00:10:17
Me suda la espalda.
Aprieta un escrupuloso calor
y boca abajo trato de dormir.
 
Presiento que algo grave va a suceder.
Disparos en la habitación contigua,
creo que vienen a por mí.
O morir aplastado por un escape de gas.
Un infarto, quizá, que es más sutil
y luego no hay que barrer.
 
Y empapo las sábanas de sudor y lágrimas.
Pero amanece y no ha ocurrido nada.

Comerte

Letras
2007-05-10 02:43:59

Ya he comentado en algún texto anterior que, entre otros, me estoy leyendo la obra completa de Luis Alberto de Cuenca. A menudo pienso en todo aquello que me hubiera perdido si cuando andurreaba por la librería no me lo hubiera comprado. Cada tres páginas encuentro algún poema que vale más que los doce euros que pagué por el libro. Como este...

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el Infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

Poesía y vino

Letras
2007-05-07 01:14:03

 

Tres copas de distintos vinos

Llega mayo y por estas tierras los productores de vino exponen el fulgor de sus cosechas. La gente bebe, ríe y baila. Quiero celebrarlo con un poema de Baudelaire.

 
El alma del vino

Una noche el alma del vino cantaba en las botellas:
"¡Hombre, oh querido desheredado, hacia ti envío
desde mi prisión de vidrio y mis lacres bermejos,
un canto lleno de luz y fraternidad!

Sé bien que es necesario, sobre la colina ardiente,
sufrir y sudar bajo el sol abrasador,
para engendrar mi vida y para darme el alma;
pero no seré ingrato ni malhechor.

Siento una alegría inmensa cuando caigo
en la boca de un hombre cansado por su faena
y su pecho caliente es un dulce sepulcro
donde me siento más a gusto que en mi fría bodega.

¿Oyes cómo suenan los cantos del domingo
y la esperanza que susurra en mi seno palpitante?
Los codos sobre la mesa y alzando las mangas
me glorificarás y estarás contento.

Encenderé los ojos de tu mujer querida;
a tus hijos devolveré la fuerza y los colores
y para este débil atleta de la vida seré
el aceite que fortalece los brazos de los luchadores.

¡Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
grano precioso arrojado por el eterno sembrador,
para que de nuestro amor nazca la poesía
que se elevará hacia Dios como una extraña flor!"
 

Naturaleza literaria

Letras
2007-05-01 10:51:16

Acabo de leer un fragmento de Tierra de hombres, de Saint-Exupéry, que me ha conmovido:

"La tierra nos enseña más sobre nosotros que todos los libros. Porque se nos resiste. El hombre se descubre a sí mismo cuando se mide con el obstáculo. Pero para alcanzarlo le hace falta un instrumento. Le hace falta un cepillo de carpintero o una carreta. El campesino, en su labor, arranca poco a poco algunos secretos a la naturaleza, y la verdad que desprende es universal".
 
Últimamente dedico gran parte de mi tiempo libre a trabajar la tierra: sembrando, arando, abonando, recogiendo... y de momento estoy totalmente de acuerdo con la cita. Además, disfruto una barbaridad. ¿Alguien conoce el placer que te proporciona ver cómo crece un árbol que has sembrado tú?

¿Vivir es un vicio solitario?

Letras
2007-04-30 11:40:11

 

Llegué feliz a casa. Era domingo noche y la tarde había sido larga y distinta. Traía conmigo Las personas del verbo, la obra completa de Jaime Gil de Biedma, que llevaba tiempo queriendo tener, aunque de sobra había leído. Desde que descubrí sus letras me ha sido difícil distanciarme de ellas. Forman parte de mí, como mi propia espina dorsal. Es como si hubiera asumido su vida como mi recuerdo, aunque por supuesto (quién sabe si gracias a él) trato de distanciarme lo suficiente de ese malditismo que acabó con él mucho antes de que lo mereciera. El caso es que sigo comprándome libros a un ritmo acelerado. A veces me preocupa. Si un día salgo de casa con la intención de abastecer mi armario de nuevas vestimentas, vuelvo sin nada. Difícilmente encuentro ropa que me satisfaga. Sin embargo, a la vuelta me paro en alguna librería donde encuentro siempre aquello que andaba buscando, que es casi todo. Y voy amontonando libros en mi habitación, en torres paralelas, desde el suelo hasta mi cintura, porque ya no quedan estanterías. Y cuando me preguntan qué libros tengo en mis mesitas de noche, nunca puedo dar los títulos de todos: calculo que hay más de treinta. Cuando pueda comprarme un piso tendré que considerar que conmigo vienen miles de historias escritas en papel.

Por la mañana leí la invitación de mi buen amigo y poeta Antonio Pérez Morte para entrar en el recién inaugurado blog de Manuel Vilas. En él precisamente comentaba que recientemente le habían preguntado en una encuesta literaria por sus tres poemas favoritos y había escogido Birds in the night de Luis Cernuda, Kostas de Octavio Paz y Pandémica y celeste, de Jaime Gil de Biedma. Qué casualidad. Yo dejaría también a Jaime y a Octavio (con otros textos), pero para el tercero exclamaría: ¡malditas elecciones! ¿por qué?

También es difícil elegir en Córdoba cuando llega este mes. Hay vida en cualquier rincón. Cambiamos de asunto, pero sin salirnos de la poesía. En esta ciudad parece que todo ocurre ahora. Aromas, el vino, la luz de las paredes... empieza el ciclo vital y aquí no falta nadie. Todo está en su sitio pero discrepo del actual planteamiento de las cruces de mayo. Se va perdiendo la esencia pero mis amigos y yo vamos a nuestro aire. De momento, esta noche celebraremos en el ático de Primi la benevolencia de las noches primaverales. Cosas de bon vivant.

Hoy también duermo aquí.

 

El juego de hacer versos,
 que no es un juego, es algo
que acaba pareciéndose
al vicio solitario.
 Jaime Gil de Biedma

El brillo de Gamoneda

Letras
2007-04-23 11:59:17

Antonio Gamoneda en Bilbao

 

Hoy le dan el Premio Cervantes a Antonio Gamoneda, poeta ahora de moda (para los medallistas) aunque siempre ha sido un escritor brillante y audaz. Inteligente y sencillo. Aprovecho el Día del Libro para incluir aquí un poema suyo, uno de los que más me impresionó en los años de la facultad (edad de oro), cuando me leí (y releí) su obra completa. Está recogido en su libro Blues castellano, de 1982. Disfrutadlo.

 

Después de veinte años

Cuando yo tenía catorce años,
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
                       La oficina
olía mal y daba pena.
                      Luego,
llegaban las mujeres.
                      Se ponían
a fregar en silencio.


Veinte años.
             He sido
escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

Tierra incansable,
                   firma
la paz que sabes.
                  Danos
nuestra existencia a
                     nosotros
                     mismos.
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