La experiencia de nuestro amigo Gali en Portugal:
Gracias al programa en el que trabajo conozco a Pablo Pineda desde hace algunos años. Estos días está de actualidad, primero, porque acaba de estrenarse como actor (Yo también, de Antonio Naharro y Álvaro Pastor, una película que aún no he visto pero cuyo rodaje presencié) y, segundo, porque ha recibido la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián, el más importante de cuantos se celebran en este país. Quiero aprovechar este espacio para felicitarle y animarle a seguir luchando.
Pablo tiene, como es fácilmente constatable, un cerebro privilegiado.
Pablo Pineda en su última visita a 1001 Noches, de Canal Sur 2
Tráiler de Yo también
Comparto con vosotros la versión corta de un anuncio publicitario realizado recientemente para Aceites Campopineda.
Poco presupuesto, pero desbordante imaginación:
Os garantizo un rato de diversión y risas viendo el cortometraje Tocata y fuga, del gran Álex O´Dogherty.
Carlos Ann, a quien entrevistamos aquí hace unos meses, acaba de publicar un "cortomental" titulado Una bala en el desierto. Recomiendo su visionado a esas almas revoltosas e interesadas en el acto puro de CREAR.
Julia es el décimo tercer trabajo como director de Francisco G. Sarazá. Es un proyecto ambicioso y de corte profesional grabado en alta definición en Córdoba en el que ha colaborado, entre otras labores, con el guión, la edición, la producción y la dirección. Con este último trabajo el director ha tratado de perfeccionar su capacidad narrativa a través de un dibujo más profundo de los personajes. Este cortometraje trata de aunar un lenguaje visual clásico con el mundo sensorial caótico del personaje principal.

Mi admiración por el trabajo interpretativo de Sean Penn me condujo el viernes pasado a ver Hacia rutas salvajes, película que esta vez escribe, dirige y produce. Es la historia de Christopher McCandless, un joven de 22 años, recién licenciado, que decide dejar atrás su cómoda vida en busca de aventuras, a pesar de que todos le auguran un futuro muy brillante.
Reconozco que durante la primera media hora de cinta, muchos espectadores puedan estar al borde de abandonar la sala de cine. No por aburrimiento, sino por desesperación. Llega a dar la impresión de que es una película escrita por un joven inexperto. De ahí que algunos comentaristas de prensa hayan criticado su ingenuidad. Sin embargo, todo tiene su explicación (y no seré yo quien lo descubra) y rápidamente la historia de McCandless consigue cautivarte y seducirte para que permanezcas sentado en tu butaca.
Adaptada al cine de la obra homónima de Jon Krakauer, Hacia rutas salvajes aborda el equilibro, durante ciento cuarenta minutos, entre el hombre y la naturaleza, entre la fuerza salvaje y el diseño intelectual. Entrando en valoraciones, creo que por encima del valor actoral (Emile Hirsch hace un trabajo creíble), la paisajística (espectacular) e incluso la banda sonora (apropiada al milímetro) está la historia en sí, un sueño que todos los que nos consideramos de esencias idealistas llegamos a tener al menos tres veces en la vida. Porque creo que la película es eso: un retrato preciso y conmovedor del idealismo puro. Un retrato de aquel que siente sueños y los persigue, tratando de descubrir en ellos su verdad y su felicidad, aunque a veces tenga que pagar con la añoranza de la familia y de todo aquello que se creía ser. Un viaje hacia la belleza y el peligro, con uno de los finales que a mí, particularmente, más me ha impresionado en los últimos meses.
No es una película fácil, aunque lo parezca, y ello a mi juicio es motivo suficiente de agradecimiento a Sean Penn, quien a pesar de los años y los impedimentos del mercado, aún no nos ha defraudado.
No recuerdo cómo llegué a ella. Posiblemente fuera recomendación de Juan, un compañero de trabajo que viene con una base de datos cinematográfica incorporada, o quizá tropezara con ella en internet, fenómeno que ocurre también muy habitualmente. El caso es que ahora que estoy obligado a pasar largas horas en el sofá, he podido verla con tranquilidad, un café y media docena de magdalenas.
Anatomía de un asesinato es la historia de Paul Biegler (James Stewart), un maduro abogado de Michigan que se encarga de la defensa del Teniente Frederick Manion, acusado del homicidio del dueño de un bar que había atacado a su mujer. El abogado, durante todo el film (que es lo mismo que decir durante todo el proceso judicial), muestra un sorprendente dominio de las situaciones sin que le sorprenda demasiado la resolución del caso.
Durante las dos horas y media que dura la película, temes comprobar que la Justicia consiste, evidentemente, en presentarte con un buen abogado, independientemente de que tengas dinero para pagarle o no. Por eso cada minuto resulta revelador y canalla, con una fuerza humana prácticamente invisible en el cine actual. A ello colabora también el gran Duke Ellington, que es quien se encarga de la música, de la fabulosa banda sonora de la película.
Hace un par de semanas fui, medio engañado, a ver Leones por corderos, una de esas películas que te hacen pensar aquello de ya no me engañan más y te pasas tres meses sin pagar cinco euros y medio para entrar en un multicine, como recuperando la autoestima. Ahora comparo ambas películas y creo que no van a ser tres sino seis los meses en los que no pisaré el dichoso multicine... Y si lo hago será como acompañante y para aprovechar el cómodo sillón para dormir una reponedora siesta. Viva Internet.

Toby Jones lo borda. Aunque alguien lo piense, no pudo estudiarse el trabajo de Philip Seymour Hoffman, que ya ganó un Óscar en 2005 por su papel en Truman Capote, porque son dos películas que se grabaron prácticamente en paralelo. Su interpretación en esta nueva película de Douglas McGrath es brillante e impecable. Sabe estar a la altura tanto en los momentos frívolos y cómicos de la vida del escritor como en los dramáticos y críticos. Es lo más destacable de una cinta que vuelve a contar la historia de Capote, un escritor que viaja hasta Kansas para escribir un artículo sobre cómo ha afectado en una pequeña localidad un crimen tan despiadado como el protagonizado por Dick y Perry (dos delincuentes de muy diferente perfil). Una vez allí, el periodista/escritor se topa con la negativa de la población a colaborar con él y se empeña en ganar la confianza de quienes podrían ayudarle. Ese es un momento fundamental de la película. Con inteligencia y humor, Capote sabe desenvolverse adecuadamente hasta el punto de llegar a intimar con los asesinos, lo que le hace replantear sus intenciones. El material era suficiente para escribir una larga historia con la que demostrar que la no ficción puede llegar a ser tan apasionante para los lectores como la ficción, si se somete precisamente a unos parámetros literarios. Es así como Truman inventó una nueva forma de hacer periodismo, vigente hasta nuestros días, aunque si bien es cierto que ya empieza a mostrar síntomas de agotamiento (depués de tantísimos años...)
Aunque vierais ya la anterior película sobre Capote merece la pena porque es una gran historia, está muy bien narrada y la interpretación (no sólo de Toby Jones sino también de Sandra Bullock, Daniel Craig, Hope Davis, Isabella Rossellini etc.) es magistral. En un momento en el que en la cartelera no hay grandes títulos, esta es una buena opción.
Por supuesto, aprovecho esta película para recomendar encarecidamente la lectura de A sangre fría, el libro que escribió Capote de su viaje a Kansas.
No obstante, este fin de semana lo he vuelto a intentar. Me seduce la idea de escapar por un par de horas de mis circunstancias y huir a no sé aún dónde. Para ello, rebusqué en mi filmoteca y seleccioné una película de los años cincuenta, desertando así de esta bellísima contemporaneidad. Escogí una comedia dirigida por Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry y protagonizada por José Luis López Vázquez y Mary Carrillo, entre otros. Hablo de El pisito.


-Pero mujer, no te pongas así, el domingo volveremos a buscar.-Jajajá, sí, ni el domingo ni nunca. Se acabó. Seguir para ser la novia eterna. No, hijo, no.-Se acabó... ¿y qué hago yo?-¿Y yo? Lo he perdido todo: juventud, ilusión, la vida. A estas alturas, ¿qué hago yo? En cuanto mi hermana dé a luz, ¿dónde me meto?-Bueno, ¿y qué quieres que haga? No quieres que nos realquilemos... ¿me caso con la vieja y la mato?-Lo último que quería oír. Vete. ¡No quiero verte más!(Discusión de Rodolfo y Petrita en El pisito)


La película es un retrato cáustico de una época totalmente liquidada, por suerte. ¿Pero quiénes gobernaban este país a finales de los cincuenta? ¡qué incompetentes! ¿cómo podían consentir que esos tiernos muchachuelos no pudieran realizarse como personas (independizarse, como se diría ahora si remotamente se diera el caso), formar una familia y engendrar los hijitos que quisieran? Si ella era una chica noble, educada y locuaz y él muy trabajador, responsable y cariñoso... ¿No se lo merecían? ¿por qué pues? ¿por la corrupción urbanística quizás?
Claro, vista ahora, la película es una comedia de humor surrealista, pero supongo que cuando se estrenó, si realmente era tan difícil adquirir un techo para vivir, verla supondría toda una bofetada a la inteligencia. ¿Qué necesidad tenían los españolitos de sufrir en el cine lo que padecían en sus propias vidas? ¡qué poca sensibilidad! Rafael Azcona, el guionista, ¿no veía esas cosas?
A pesar de eso, es una gran película, quizás una de las mejores de la Historia del cine español. Tiene unos diálogos muy divertidos, una fotografía preciosa, una banda sonora muy emotiva... A los amigos de la evasión, os la recomiendo. Sobre todo porque os ayudará a ver cómo ha pasado el tiempo y a convenceros de que las cosas han cambiado muchísimo...
PD: Menos mal que está en blanco y negro.