Manuguerrero.es

ManuGuerrero.es

Cultura, Periodismo y Democracia

 
 

BLOG

A contrarreloj

Periodismo potable
2010-09-03 14:43:09

También a contrarreloj y con una mudanza de instalaciones entre medias, el equipo de Fin de Semana de los servicios informativos de Giralda Tv elaboró hace ahora 7 días un especial sobre el arranque de la Vuelta Ciclista a España 2010, que en esta ocasión lo hizo con una espectacular carrera nocturna contra el crono. Espero que os guste.

Civilización

Descatalogado
2010-08-31 01:15:10

Mineros chilenos atrapados a 700 metros de profundidad

A menudo nos preguntamos cuánto somos de civilizados, cuánto vale nuestro desarrollo cívico. Y para ello, comparamos tirando de educación, capital o simplemente religión. Creo que va siendo hora de sopesar lo realmente importante. ¿Somos capaces de rescatar vida en los posibles y frecuentes escenarios de desgracia? El ser humano mide ahora su progreso a 700 metros de profundidad, en una mina chilena, como hace unos meses hizo entre las ruinas haitianas, unos años en el gélido infierno del Mar de Barents o siempre en el África de hambre infinito.

Cuatro años sin él

Música
2010-08-19 13:34:29

Aquella sesión de rodaje no la olvidaré jamás. Él llegó en un AVE mañanero, fuimos a recogerlo el chófer y yo. Aún me pregunto qué hacía yo en Santa Justa, no era lo habitual, pero en aquella ocasión se dio así y me alegro. Reconozco que aún yo no conocía su repertorio, había escuchado algunas de sus canciones pero poco más. La música es un mar infinito en el que puedes bucear toda la vida sin tropezarte con los tesoros más valiosos. Pero qué mejor manera que descubrirlos de la mano de su autor.

En el coche estuvimos hablando de un proyecto que tenía entre manos -al parecer en fase avanzada-, de Raúl Alcover (por cierto, qué maravilla su último trabajo El musicante) y de la luz, de la cegadora luz de aquel día. Sevilla estaba espléndida. Como él, que durante toda la jornada derrochó simpatía, cariño y sensibilidad. Nada, absolutamente nada, hacía presagiar lo que vino varias semanas después, el maldito 16 de agosto de ese 2006, un día lluvioso en el que Hilario Camacho decidió torcer la esquina. Dicen que con ansiolíticos.

Ahora, cuatro años después, muchos le recordamos y le sentimos vivo. Yo aún sigo estremeciéndome cada vez que me tropiezo con algún fragmento de aquel 1001 Músicas que tanto me hizo sentir. Esta, además, según nos dijo después la gente de su entorno, fue la última vez que se dejó grabar... Por cierto, me adhiero a quienes piden para él una calle en Madrid.

 

Lecturas de verano

Letras
2010-08-18 18:07:00

Lecturas de verano

Sin margen para meditar me vi haciendo las maletas con rumbo al tiempo libre. Junto a la ropa, un memoria diminuta repleta de canciones (en el coche mejor no meter discos originales) y una colección de libros de bolsillo. Una Barcelona que no viví, un París que me espera siempre, un capitalismo que por suerte se hunde (¿para cuándo la revolución horizontal?), una vida con fundamento, una historia de periodistas (con errores incluidos), las lecciones aún vigentes (y necesarias) del pueblo apache y las líneas perdidas de Carlos Ann (nos podrán robar el trabajo, el dinero o el amor, sí, pero jamás la poesía.) A toro pasado me pregunto quién escoge los libros que leo al borde del mar, porque ignoro la razón pero son los que acabo recordando con más viveza. Todos los años me pasa.

A la diestra del cielo

Periodismo potable
2010-07-18 19:27:31

Creo que esto es pirateo puro y duro, pero es que lo he visto en Youtube y no he podido resistirme. Espero que ustedes lo disfruten igual que yo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis de fe

Descatalogado
2010-07-15 02:03:39

Celebración en Madrid de la Copa del Mundo de fútbol

Van a tener trabajo los sociólogos para quitarle la raspa y quedarse con lo esencial sobre lo que ha sucedido en España entorno a la final del Campeonato del Mundo de fútbol. Yo me niego a admitir –y creo que no tendrás incoveniente en darme la razón- que el fútbol interese a ese 86% de los espectadores que vieron el partido Holanda-España, o a esos miles (quizá millones) que han sacado una bandera a su balcón o se han pintado en la cara dos rayitas rojas y una gualda y han salido a gritar y bañarse en cualquier fuente de su ciudad. Me cuesta circunscribir la fiebre roja a lo estrictamente futbolístico. Entre otros motivos porque, a mi entender, el equipo nacional no ha podido demostrar en este mundial lo que es capaz de hacer sobre el terreno de juego y porque, además, el partido de la final fue, por decirlo finamente, un derroche de mediocridad. Algunas jugadas dignas de mención, pero poco más. Como dice Franz Beckenbauer, el partido en cuestión “careció de nivel y fue una publicidad negativa para el fútbol”. Aquí deberíamos extendernos en el juego sucio y protestón del equipo nordeuropeo y en el bochornoso ejercicio del árbitro, que fueron quienes abortaron lo que se preveía un espectáculo delicioso, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Lo que quiero preguntarme es: ¿por qué el país se ha rendido, casi sin excepción, ante los jugadores que le han representado? ¿por qué se ha paralizado? ¿por qué incluso personas que odian el fútbol han sucumbido a este Mundial? ¿por qué una celebración tan faraónica? Sí, sé que ha sido la primera vez que España gana un Mundial de fútbol. Pero también ha habido primeras veces de otros deportes y no han conseguido entusiarmar a quienes no siguen ese deporte en cuestión: euforia entre los aficionados, alegría entre los demás y poco más. ¿Por qué el fútbol sí y el balonmano, el baloncesto o el atletismo no? ¿Por qué otras muchas noticias de mayor alcance –positivo o negativo- no han conseguido monopolizar portadas, informativos o conversaciones durante, al menos, un mes? (Como ejemplo, véase la entrada anterior en este blog: “Iniesta, en el debut de España contra Suiza” ocupando más y mejor espacio que “El Gobierno generaliza los contratos con 33 días de indemnización” en el periódico generalista de mayor tirada nacional.)

Creo sinceramente que toda la parafernalia organizada tiene menos de logro deportivo -de éxito nacional, por extensión- que de hambre de religión, de ganas de religarse, de sentirse comunidad. No hay más que echar un vistazo a la vida en comunidad. Miras a tu alrededor y te das cuenta de que no sabes quién vive en la puerta de al lado, tus vecinos son esos extraños a los que de vez en cuando das los buenos días. Poco a poco nos hemos (o nos han) individualizado. Nos hemos fragmentado, incomunicado. Y mientras tanto, el panorama se ha ido empobreciendo. Mientras decaía la religión católica ganaba posiciones la religión del absolut business, que ha ido adueñándose de nosotros. Nos prometió salud, amor y felicidad. ¿Para qué creer en un Dios impalpable si había otro tras la vidriera de un centro comercial? Lo que ocurre es que si el primero tardó veinte siglos en mostrarse agotado (no quiero quitarle méritos a la Inquisición), el segundo ha tardado “solo” cincuenta años. A día de hoy, los escaparates relucen vistosos, pero los bolsillos están vacíos. Y así el modelo no funciona. Es como si antaño hubiese habido grandes templos y millones de creyentes, pero pocos sacerdotes. Si el medium no funciona la religión tampoco. Y de ahí la crisis de fe actual.

España es, reconozcámoslo de una vez, un país arruinado. Un país arruinado y endeudado. Los ciudadanos con la banca, la banca con el Estado y el Estado con el mundo. Hay un dato que lo dice todo: la tasa de paro juvenil se sitúa por encima del 40%, barrera que ha atravesado con la única compañía europea de los estonios. Ni Italia, ni Grecia ni sardinas en arenque. España y Estonia. Y nuestro país, además, liderando los países con más paro entre los mayores de 45 años. Sin sangre nueva y sin sangre sabia. Un país, por decirlo rápido, decapitado. Un país, además, sin referentes. ¿A quién admirar de nuestro país? ¿En quién creer? ¿Al presidente del Gobierno, que ha negado la mayor durante varios años consecutivos? Creo que Rodríguez Zapatero tenía que haber dimitido hace ya tiempo porque estoy convencido de que en su partido hay gente más preparada y con menos tendencia a la farsa y la complacencia. Del Bosque podría darle algunas lecciones básicas a ZP. ¿Creer entonces en un líder opositor, en una alternativa? Si les parece, vamos a dejar el humor negro para otras webs especializadas. 

Un futuro oscuro y nadie en quién confiar. Sólo así se entiende, creo, ese fervor por la bandera, esa desmedida hermandad y esa satisfacción que no mejora nada nuestras vidas. Es el momento idóneo para los mesías, para los salvadores, aunque hasta la fecha han dejado siempre un mal recuerdo.

Jerarquía periodística

Periodismo no potable
2010-06-16 23:42:17

Dejo aquí, como testimonio del país que una generación va a dejar a otra, dos recortes de periódico digital tomados a las cuatro de la tarde de un día cualquiera.

elpais.com 16 de junio de 2010

elmundo.es 16 de junio de 2010

Noticias Giralda TV

Periodismo potable
2010-05-30 23:48:48

Cristóbal Cervantes, Reyes Medina, Marta Hernández y Manu Guerrero. Noticias Giralda Tv.

Y aprovecho para incluir aquí un reportaje curioso, divertido y tierno emitido el pasado fin de semana: 

¿España se merece esto?

Debates
2010-05-26 10:53:05

¿España se merece esto?
¿Debemos seguir dejando nuestros asuntos en sus manos?
¿Duerme usted tranquilo sabiendo que estos señores dirigen su país?
¿Debería este vídeo formar parte de la campaña electoral de otro partido diferente a PP y PSOE para refrescarnos la memoria?
¿La democracia española está en crisis? ¿Cómo reaccionar?

Profesores quemados

Periodismo potable
2010-05-16 23:59:47

Estos días se habla mucho de la hecatombe económica que se nos viene encima y descuidamos otros asuntos no menos importantes que, contradictoriamente, empiezan a sonar tópicos por el uso frívolo que se ha hecho siempre de ellos. Me refiero, por ejemplo, a la educación, a la grave situación que se vive en muchos de los colegios e institutos de, al menos, este país. Quiero recomendaros, amigos, que cuando tengáis un ratito os pongáis de fondo el capítulo que la periodista Sandra Camps dedicó la semana pasada en Radio Nacional a los profesores quemados. Dice mucho de lo que nos espera. El terremoto del capital pasará pronto. Pero esto no.

Somos lo que fuimos

Ciudadanos cabreados
2010-05-13 01:12:05

Colas para entrar a una oficina del Inem.

 

Pensemos por un momento cómo era este país en 1995. Dejemos a un lado los numerosos casos de corrupción política que un año después acabarían con el gobierno socialista, que llevaba en el poder ininterrumpidamente desde 1982, y centrémenos en la economía real. Con 39 millones de habitantes padecíamos un 22’7% de desempleo según el Instituto Nacional de Estadística. Un 19% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza relativa. Éramos un país deprimido porque no había perspectivas de mejora y todo el oro que relucía se debía a las titánicas subvenciones que llegaban directamente de Bruselas como apoyo directo a uno de los países más pobres de la Unión Europea. Dinero que iba para modernizar las infraestructuras, para subvencionar a unos agricultores en declive etc... Pero lo sustancioso, es decir, la prosperidad de Estado, empresarios y empleados en general estaba en depresión profunda. Comprensible en un país que tradicionalmente ha importado más de lo exportado y cuyo crecimiento se circunscribe fundamentalmente al sector servicios. La única ilusión posible recaía en ese momento sobre la alternancia política. Otros gestores, otro panorama. Se pensaba.

Lo que ocurrió entre 1996 y 2004 lo sabemos todos. De repente el PIB español comenzó a subir y medio mundo se asombró de la gran hazaña del señor Rato. Héroe nacional, mago de la economía, el gran gurú del siglo XXI... tanto se decía sobre sus méritos que el Fondo Monetario Internacional le acabaría aceptando como Director Gerente en 2007. Insólito: Un español en el FMI, algo que no había ocurrido desde su fundación en 1946.

Pero ¿en qué consistía la gran pericia de don Rodrigo? La gran pericia de don Rodrigo se llamaba Ley de Extranjería (Ley Orgánica 4/2000) y no dependía de su ministerio pero le venía que ni pintada. Ese año había en España 923.879 inmigrantes censados (un 2’28% de la población total). Sólo cuatro años después: 3.034.326 (un 7’02%...) Qué bien, un gobierno conservador ocupándose de los derechos y libertades de la población extranjera. Como progresista que soy debía felicitarles. Pero qué casualidad, entre 1996 y 2006 los beneficios empresariales aumentaron un 73% mientras que el salario medio real de los españoles caía un 4% según la OCDE. El único país, repito, el único país de los 30 que integran la OCDE cuyos asalariados pierden poder adquisitivo en esa década. Es fácil pillar al trilero, ¿verdad? Si en esa época levantabas la voz te llamaban xenófobo, y eso no es más que una humillación. Pero la mano de obra no hacía más que bajar y el producto final, subir. El IPC subía a una media de un 4%. ¿Dónde estaban los nuevos ricos? ¿Y los nuevos pobres? Sí, el paro había bajado a un 11% de la población total, pero ¿a qué precio se vendía empleo? ¿y a qué precio se vendían casas? ¿Cuánto tiempo podría estar el trilero engañándonos? ¿Cuánto tiempo íbamos a estar haciendo el bobo? –Aquí, querido lector, un inciso: ¿qué programas recuerda haber visto usted en televisión entre los años 2000 y 2005?-

Prosigamos. Mientras el país acogía cariñosamente a millones de inmigrantes (lo pongo en cursiva porque eso es ya cuestión de talante: yo compartía piso con un ecuatoriano y entre él y yo había mucho cariño), de España emigraban miles de titulados universitarios: biólogos, arquitectos, ingenieros, periodistas, filólogos etc... Recibir mano de obra barata y expulsar mano de obra cualificada es muy buen negocio para unos que yo sé, pero para el interés público presente y futuro es una auténtica sangría. Reino Unido, Alemania o Japón están ahora beneficiándose gratuitamente de la millonaria inversión que hemos realizado sobre miles de jóvenes españoles. Y que no se nos olvide, se nos han marchado los mejores, los más capaces, los mejor preparados. Ahora tienen su sitio y no pretenden volver. O quizá sí para disfrutar bajo el Sol su lejana jubilación. No me explico cómo las televisiones públicas no censuran programas del tipo Españoles por el mundo. Jijí, jajá, qué modernos somos. No sé cómo no les escuece. Esos programas no hacen más que recordarnos: chico, si quieres prosperar vete de este país. Cualquiera que sale retratado cobra 2.500 euros, tiene vivienda propia y puede hacer planes de futuro. Eso, aquí, que levante la mano. Los peores contratos (dos de cada tres jóvenes trabajadores tienen un contrato precario) y las hipotecas más grandes, en nuestra querida España.

1995 no está tan lejos. Y no quiero decir que 15 años no es nada, quiero decir que estamos en las mismas, con un 20% de desempleo y un futuro que llama al desaliento. Gentes que van, gentes que vienen. Pero sólo a la espera de un nuevo trilero que nos pueda engañar. Porque lo demás parece que es imposible.

El lado salvaje de Anni B. Sweet

Música
2010-05-02 18:35:57

Vino una noche, vino otra noche... Jesús Vázquez alucinó con ella (por su OT creo que no ha pasado nadie con tanto talento), Antonio de la Torre también. Dani García, desde su casa, tampoco iba a ser menos. Después de la grabación y ya de madrugada, hablando, surgió el ofrecimiento de Anni B Sweet, la malagueña nostálgica y profunda, para hacernos la sintonía de 1001 Noches, el programa de Canal Sur 2 donde trabajo desde tiempos inmemorables. El tema ya se está utilizando en las transiciones de las entrevistas, en los créditos y, hasta ahora, nadie ha puesto una sola objeción. Y reconozcamos que para meterle mano a una canción tan grande hay que tener valor. ¿O no? 

Con Anni B. Sweet

Anni B. Sweet - Walk on the Wild Side

Involución frente a futuro

Periodismo potable
2010-04-05 16:56:56

De nuevo el ensayo de verdad, el documentado, viene en las páginas de la revista Letras Libres.

El Nacionalismo como pecado capital en España

Ricardo Cayuela Gally

Todo nacionalismo se basa en una manipulación de la historia y de los sentimientos. Así también el catalán, que ignora el legado común de Cataluña con el resto de España mientras esconde las graves consecuencias de su plan de futuro y pone en riesgo el pacto democrático.

España atraviesa una crisis institucional de graves proporciones cuyas consecuencias podrían ser irremediables en una generación. Pese a un entramado social armónico y unas redes afectivas sólidas y geográficamente transversales incluso en la rivalidad y la discrepancia, y pese a un tercio de siglo de vida en libertad, con un progreso social y económico envidiable (más allá de la pésima gestión de la crisis económica actual), las elites políticas del nacionalismo periférico han sabido construir un diferendo con el “Estado español”, representado en el lúgubre espantapájaros de Madrid, potencialmente letal para los intereses de la mayoría. Y esto con la complicidad, tácita o explícita, de los dos grandes partidos nacionales, siempre a rebufo de sus cuitas parlamentarias. Apoyado por la indefinición constitucional de un sistema permanentemente abierto –léanse los artículos 148 y 149, y de paso todo el título VIII– y con los resortes de poder pero no las responsabilidades ni las obligaciones de un sistema federal, el nacionalismo hace tiempo que le puso el cascabel al gato, pero nadie parece oír su sonsonete de cristal. En el arco parlamentario tan sólo Unión, Progreso y Democracia es consciente de la gravedad del desafío. Pero, ¿es justa esta carga para un partido nuevo y marginado de los medios de comunicación? ¿Puede llevar sobre sus espaldas el peso de representar la última esperanza de rebeldía ciudadana contra este inexorable orden de cosas?

Con el regreso a la solución policial contra eta y el fin de la hegemonía en Ajuria Enea del PNV, y un gobierno socialista apoyado por el PP empeñado en restañar los resortes morales de la sociedad vasca, el reto mayor viene del nacionalismo catalán, tan fuerte y hegemónico que bajo su paraguas se parapetan socialistas, comunistas, ecologistas y democristianos. Como una fogata que necesita más leña conforme más leña se le echa, Cataluña camina hacia la independencia de facto, mientras el peripatético Tribunal Constitucional duerme el sueño de los justos y mira –¿por órdenes superiores?– hacia otro lado. Dos ejemplos entre cientos: la división en veguerías en lugar de las provincias (¿cuántas?, ¿con qué nombre?, ¿bajo qué presupuesto?, ¿con qué ciudades de capital?, ¿con qué atributos concretos? Asuntos menores ante el triunfo simbólico de fragmentar el suelo patrio de manera distinta al resto de España) y la exigencia del nivel c de catalán para poder dar clases en la universidad (¿será necesario repetir que con ello se traiciona el sentido obvio de la educación superior que radica en su universalidad?). 

Pero como los nacionalismos periféricos abusan de un anticuerpo contra la crítica que consiste en proclamar que nadie fuera de su realidad puede entenderlos, como si se requiriera ser esquimal para hablar del hielo, vayan por delante mis credenciales de inuit, habitante del “país de las sombras largas”.

Nací en México y soy un ciudadano mexicano pleno y al mismo tiempo, en conflicto con la inaceptable realidad de mi país, pero pertenezco también, por mis cuatro abuelos (ninguno de ellos de León), a la cultura del exilio republicano español y por mi rama materna, a la cultura catalana. Esta declaración de cartas credenciales no puede ser más contradictoria: no existe “una forma de ser” mexicana, como demostró lúcidamente Roger Bartra en La jaula de la melancolía. Nada más enfrentado, abierto y en disputa que el legado republicano en México, no sólo por la división entre negrinistas y prietistas en el núcleo más numeroso de los exiliados, sino por adscripciones ideológicas –comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos moderados– y por zonas de procedencia, fundamentalmente nacionalistas vascos y catalanes, a su vez subdivididos en grupos, tribus y clanes diversos. Este rompecabezas, arqueología de una España plural que pudo ser y no fue, acabó sin embargo construyendo ritos de iniciación comunes, muchas instituciones culturales y no pocos lugares de culto. Por ejemplo, ciertas escuelas, herederas de la Institución Libre de Enseñanza y de la triada pedagógica de Francisco Giner de los Ríos: educación mixta, laica, liberal. En una de ellas, el Instituto Luis Vives, “colegio español de México”, cursé del jardín de infancia hasta mi ingreso a la carrera de letras hispánicas de la UNAM. Escasos quince años. El epicentro de la cultura catalana en el exilio fue por años el Orfeó Català de Mèxic, centro social creado en el tardoporfiriato para apoyar la emigración económica de finales del siglo XIX, que renació prácticamente de sus cenizas en los años cuarenta con los miles de refugiados de la Guerra Civil. En ese casal fui miembro travieso de su esbart infantil y miembro arrítmico de su esbart dansaire. Además, sé lo que es un aplec y un dinar de germanor. Eso sí, a los quince años dije prou y empecé a labrar mi propio destino. En esas sigo.

Hablo un catalán de familia cuya mezcla de dislates, arcaísmos y acento mexicano no deja de hacerles gracia a mis amigos en Barcelona. El quadern gris es parte de mi educación sentimental y en mi casa atesoro una buena biblioteca de clásicos catalanes, algunos editados en México por mi abuelo Héctor Gally i Grivé. Tardé años en la infancia en descubrir que truita no era la palabra castellana para decir tortilla de patatas, equívoco familiar, más que lógico práctico, en el país en que las tortillas de maíz son el “pan” nuestro de cada día. En la adolescencia la “cara al vent” de Raimon era una suerte de grito de guerra, los versos de Ausiàs March una secreta pasión y Joan Brossa una tan pública que acabé maltraduciéndolo para efímeras revistas del bachillerato. Mi bisabuelo, además, tuvo alguna significación política en la Segunda República y la historia de Cataluña: se llamaba Lluís Companys. ¿Puedo ahora decir lo que pienso del nacionalismo periférico? 

Es Amartya Sen quien ha explicado con mayor lucidez como la suma de identidades es una de las grandes fortalezas del mundo contemporáneo. ¿Quiénes tienen más en común, un músico de jazz checo con otro de Chicago, que además comparten banda, o el primero con un rudo campesino de Bohemia? Amo la cocina libanesa, el ajedrez, las pequeñas minucias filológicas de los trabajos editoriales, En busca del tiempo perdido y Cartagena de Indias. De los torcidos vericuetos de mis búsquedas, vía Google, por la pornografía de Internet guardaré un discreto silencio, pero la palabra hairy podría ocupar un lugar. Obviamente esta no es una lista excluyente sino caprichosa y a vuelacursor. Y no conozco a nadie que no pueda hacer la suya propia en un segundo. Yo mismo podría hacer otras cien con otros tantos gustos y divergencias sin pestañar. Las identidades estanco son un absurdo, un hechizo heredado del romanticismo alemán que no resiste el más mínimo análisis intelectual. La única forma de hablar de una identidad catalana, vasca, gallega, o andaluza, como ha demostrado Fernando Savater, es por oposición a una absurda y caricaturizada identidad española, asunto igual de etéreo y discutible. Por eso, de lo que se debería tratar es de discutir derechos y libertades ciudadanas, y no de aventarnos a la cara inasibles sentimientos de pertenencia, naciones históricas y hechos diferenciales. Porque si de eso se tratara, ¿cómo ocultar, como resaltó Félix Ovejero, que García es el apellido más común de Barcelona y la Feria de Abril la tradición más popular en términos estrictamente numéricos? Y visto desde la óptica inversa, ¿hay alguien hoy que no pueda vivir su catalanidad, whatever that means, de manera plena? El ridículo es tan grande que incluso se patrocina, con el dinero público, lo que se considera tradiciones catalanas. Pero una tradición que no es espontánea, libérrima y desinteresada, ¿se puede considerar tal? ¿Se imagina alguien al Estado mexicano subvencionando la visita al cerro del Tepeyac el 12 de diciembre? Las tradiciones vivas son hechos históricos, tienen un origen y una evolución. Y las tradiciones muertas, pasto de museo etnográfico. Petrificarlas es descontextualizarlas e instrumentalizarlas. O es pertenecer sin saberlo a una tradición mayor y más antigua: la picaresca. Como bien dice Juan Pedro Viqueira, las fiestas son la tradición popular que mejor sobrevive al paso del tiempo por una razón simple: a la gente le gusta organizarlas.

Una fuente de legitimidad de los nacionalismos periféricos es el uso a conveniencia de la historia. La leyenda áurica catalana dice más o menos que Cataluña conservó sus instituciones pese a la unión de las coronas de Castilla y Aragón hasta la entrada del primer Borbón, Felipe V, que con el Decreto de Nueva Planta suprimió sus milenarias instituciones. Adicionalmente, se alega que Cataluña estuvo al margen de la empresa americana, que su innegable prosperidad es producto del honesto trabajo de sus emprendedores hijos y que, grosso modo, en la Guerra Civil los catalanes se alinearon inequívocamente en el bando republicano y por ello fue el pueblo más castigado bajo el franquismo.

John H. Elliott estudió bien la naturaleza del pacto dinástico que unió a los Reyes Católicos, y oh sorpresa, resulta que en las postrimerías del siglo XV la princesa más cotizada de Europa era Isabel de Castilla, regente de una tierra riquísima gracias al comercio de lana, con el conjunto monumental más grande de Europa tras el alemán, y con una población doce veces mayor que la del reino de Aragón. Todo esto, se entiende, antes de América, que curiosamente la desangraría. Así pues, el reino de Aragón se salvó gracias a esta alianza, no se condenó por ella. Hace cinco siglos que empezó el uso del español por la elites urbanas catalanas, salvándose la lengua vernácula tan sólo por la emigración del campo a las ciudades, gracias a la ley, eminentemente feudal, que otorgaba toda la herencia de una familia a su primogénito. Es por eso que el Quijote y Sancho Panza se mueven con plena solvencia lingüística por la Ciudad Condal, y los únicos que les parlen en català en la novela son los bandoleros que asolan sus caminos. De las guerras dinásticas que culminaron con el triunfo de los Borbones, una lectura desprejuiciada podría concluir que se trataba del enfrentamiento entre la Ilustración y los restos del feudalismo. ¿No se unieron los catalanes al resto de los españoles contra la ocupación francesa tan sólo tres generaciones después? ¿Nadie ha ojeado un directorio telefónico cubano o boricua para saber hasta qué punto la emigración a las Antillas españolas fue una opción tumultuosa de los hijos de la Corona de Aragón? ¿No se cantan habaneras en Blanes? ¿Cuántas fortunas del XIX catalanas no son producto del comercio del azúcar y el tabaco, gracias a la mano de obra esclava, como cuenta con total honestidad Juan Goytisolo en Coto vedado? ¿No fue el Plan Cerdà una imposición de Madrid? ¿No tiene nada que ver la riqueza industrial catalana del XIX con el cerrado mercado español y los privilegios aduanales de Barcelona? ¿En qué bando de la guerra civil estuvieron Josep Pla, Salvador Dalí y Eugenio D’Ors? ¿Qué pensaría yo mismo de la contienda si fuera nieto de uno de los doce mil catalanes asesinados en Barcelona durante la guerra por el simple hecho de ser curas, burgueses o fascistas? ¿Y si fuera familiar de algún represaliado del poum? ¿No hubo leva obligatoria de jóvenes de dieciocho años para nutrir el ejército del Ebro pese a la inevitable derrota? ¿A qué bando sumamos estas víctimas? Desde luego que esto no exculpa a Franco, que para empezar traicionó las instituciones que había jurado defender, bombardeó población civil, fusiló sistemáticamente a sus opositores y se comportó sin ninguna grandeza en la victoria, e impuso una patética dictadura nacional católica por casi cuarenta años. Pero ese no es el punto. El punto es que los catalanes pelearon y sufrieron en ambos bandos. Y si bien Cataluña fue castigada brutalmente (como documenta Solé i Sabaté), también es cierto que rápidamente se adaptó al nuevo régimen. ¿O todos eran asistentes forzados entre los miles de ciudadanos que le dieron la bienvenida a las tropas de Franco? ¿No se adjetivó La Vanguardia como “Española” en esos años? ¿Cuándo se construyó el Camp Nou? ¿Es que no hubo juegos florales con Porcioles? ¿De qué año es el Premio Nadal? Resumen de todo esto en una pregunta: si Cataluña era un erial, ¿por qué el resto de los españolitos se mataban por emigrar a Barcelona?

Otra fuente de legitimidad del nacionalismo catalán es la lengua. De nuevo, presos del romanticismo alemán, sazonado con un poco de Vossler y su idealismo lingüístico, asumen la lengua como una esencia. Y cargan las tintas de cosmovisiones y epifanías. Por cierto, es una lengua prima hermana del castellano, con la que comparte, pese a los sesudos esfuerzos del eximio Pompeu Fabra, un léxico básico. Si las lenguas implican una visión del mundo intransferible, ¿en qué hablan Álvaro Uribe y Hugo Chávez? ¿Cambia en algo la teoría de la relatividad de Einstein si la traducimos del alemán al inglés? ¿Por que se odian catalanes y valencianos si hablan la misma lengua? Y sobre todo, ¿en qué casillero clasificamos a los que critican al nacionalismo catalán utilizando la lengua catalana, como Xavier Pericay (Filología catalana), Iván Tubau (Nada por la patria) o Valentí Puig (L’os de Cuvier). Más dramático aún que este esencialismo lingüístico es el intento sistemático de erradicar la lengua castellana, ese alienígena en la cultura catalana.
¿Una lengua que es materna para la mitad de la población y que tiene una tradición de cinco siglos se puede considerar extraña? Renunciar al español no sólo es renunciar a cuatrocientos millones de interlocutores, a diez premios Nobel de literatura, a las crónicas de Indias, a Rulfo y a Borges, al danzón y la salsa, a la cultura sefardí, a Neruda y a Vallejo, a Reyes y a Vasconcelos, a Martí y a Bolívar, a Onetti y a Cortázar, a Pérez Prado y a Bola de Nieve, y a un etcétera tan abrumador como inagotable, sino también a la propia historia hemerográfica y judicial, a Enrique Vila-Matas y a Juan Marsé, a Boscán y a Miguel Poveda, a Ojos de Brujo y a Jaime Gil de Biedma, a Arcadi Espada y a Félix de Azúa. ¿Mudamos Atalanta, Tusquets, Anagrama, Acantilado ¡y Planeta! de ciudad? Renunciar a estudiar, preservar y vivir en español es un suicidio cultural. Y sin detrimento del respeto, uso y apoyo al catalán, faltaba más. Lo malo no es sólo que lo intenten, sino que encima lo festinen. Una suerte de orgullo zombi incomprensible.

Ahora que crece como la espuma el independentismo catalán, ¿alguien entre los arcanos de ese movimiento, que aglutina a los peores políticos y los personajes más burdamente populistas, ha pensado el cúmulo de problemas fiscales, económicos, sociales, familiares e incluso lingüísticos que conllevaría la independencia, para los ciudadanos a ambas orillas del Ebro? (Cuyo caudal, por cierto, ¿a quién pertenecería?) Y eso en el escenario, a todas luces hipotético, de una independencia de guante blanco y pactada no sólo con las fuerzas políticas de España sino en el seno de la Unión Europea. Porque en caso contrario habría que renunciar al euro y crear unas fronteras. Pagar embajadas y consulados en, al menos, los principales países del mundo, poner aduana en el Euromed, y soportar estoicamente la enésima derrota del Barça en liga contra el imbatible Vic. ¿Fortificamos la carretera que une Lérida con el Pirineo y que pasa indistintamente por La Ribagorza en Huesca y la alta Ribagorça catalana? ¿A quién le vendemos nuestro cava? ¿Está ya listo un plan para recibir a los miles de catalanes que viven dispersos por el resto de la península española? ¿Preparados para una cola en la sede de la Embajada Española de Paseo de Gracia para obtener un certificado que me autorice a enterrar a la abuela en Almería? Seamos serios, señores.

Contra lo que se suele pensar en Cataluña una de sus grandes ventajas históricas ha sido carecer de Estado propio, y lo que esto entraña de burocracia y dispendio. El peligro no es sólo tener que pagar un Estado sino que este quede en manos de personajes de la catadura de Carod Rovira. 

Todo esto que podría padecer parte del solipsismo del debate español, reiterativo y cansino, inútil y exasperante, en realidad es muy serio. España es el único país de la ocde que enfrenta la crisis con un debate permanente sobre su modelo de Estado y con un grupo notable de sus representantes intentando vulnerarlo. El departamento de bomberos en manos de consumados pirómanos. Desleales por naturaleza al Estado que sirven y representan, los nacionalistas buscan la anhelada emancipación desde el poder, para llegar un día al paraíso libertario, donde no habrá paro, ni clases sociales, ni otras lenguas en conflicto. Será un lugar tan idílico que todas las películas la protagonizará ese talento de la naturaleza que es Joel Joan. Sí, en la Cataluña independiente “nacerán flores en cada instante”.

•••

En mayo de año pasado tuve la infinita suerte, gracias los empeños de mi hermano Juan Villoro, de asistir al triunfo del Barça en el Olímpico de Roma –su tercera copa de Europa. A la salida de esa victoria, con la Liga y la Copa del Rey ya conquistadas, y el aplauso unánime al mejor equipo del mundo en esos momentos, un grupo de hinchas del Barcelona empezó a gritar a voz en cuello: “salti salti salti, del Madrit el que no salti”. ¿Pero no le ganamos al Manchester?, me preguntaba, mientras me iba embargando una infinita lástima por esta generación de jóvenes europeos, ricos y plenos, estafada por un puñado de rústicos aldeanos enfrascados en un pertinaz ejercicio de ingeniería social. ~

Arroz con pato en Isla Menor

Periodismo potable
2010-03-18 13:33:45

Seguimos compartiendo vídeos, ahora con la receta del arroz con pato según la receta de Enrique Santoyo, cocinero del Restaurante Estero, en Isla Mayor, en plena marisma sevillana. ¡Buen apetito! 

 

Así se hizo el sombrero de Toni Zenet

Periodismo potable
2010-03-12 21:41:19

Me encantan los sombreros y no sabéis cuánto disfruté grabando (con mis compañeros Ramón y Joaquín) el vídeo que inserto a continuación. Se trataba de visualizar cómo se hacía un sombrero confeccionado expresamente para el artista malagueño Toni Zenet, y que le regalamos a su paso por 1001 Noches. No debió disgustarle mucho porque pocos días después se lo puso en la gala de los Premios de la Música, donde resultó ganador. 

 

ManuGuerrero.es 2007
Declaración sobre Accesibilidad WEB
Fotografía y vídeo: GALI | Diseño web: RAFA GARCÍA